©tomertu  - 123RF.com

Portrait

Your photo hung in Abuela’s bedroom

when she lived on Venecia Street.

One day, I must have been six or seven,

I asked who the man in the picture was.

Someone said it was Abuela’s husband, 

father’s father,

my abuelo Alberto.

 

They didn’t say anything else. 

I didn’t ask anything else.

I had already learned not to ask.

You were left hanging on the wall

behind a piece of glass,

surrounded by a carved wooden frame,

wrapped in the silence the family had woven.

 

On the eve of my wedding,

Father confirmed the rumors 

I had heard from childhood,

Pancho Villa murdered you, 

leaving my father an orphan,

Abuela a penniless widow,

and me not knowing what to call you,

or what you would have called me.

 

I have thought about you a lot.

I never saw your photo again, 

but I remember you.

I remember you as an old-fashioned grandfather.

I think you had a mustache, like my father’s,

long sideburns, maybe a goatee,

perhaps a well-trimmed beard,

like the ones I like so much.

 

You wore a black suit, a vest,

high shoes with buckles, 

or were they buttons?

kid gloves, 

a pocket watch,

a pearl pin on your tie,

maybe a silk bow tie.

 

I remember you as a gentleman,

elegant, distinguished-looking, 

distant,

as older folks are.

 

Now that I am a grandmother,

I want to know your story.

I travel to your town Huejuquilla,

visit la Catedral de Santo Cristo de Burgos,

where I find your baptism certificate,

the Office of the Civil Registry, 

where I read your birth certificate.

 

I cannot find your death certificate.

I’m left not knowing 

the place or the day of your death, 

only that you were born July 4th, 1892,

only that you died in 1916,

when my father was less than a year old.

 

The day, the night, you died, 

did you know Abuela was pregnant 

with a girl who died at birth?

Do you know that she wore black all her life,

that she was a good grandmother,

that she died of a stroke,

that her tomb is in Mexico City, 

far away from yours?

 

But, do you have a tomb?

Or are your unburied bones

a reason for the silence the family wove?

Retrato

Tu retrato colgaba en la recámara de la abuela

cuando vivía en la Calle Venecia.

Un día, tendría yo seis o siete años,

pregunté quién era el señor de la foto.

Alguien dijo que era el marido de Tita Lola, 

padre de mi padre,

mi abuelo Alberto.

 

No dijeron nada más. 

No pregunté nada más.

Ya había aprendido a no preguntar. 

Quedaste colgado en la pared, 

detrás de un vidrio,

rodeado de un marco de madera labrada,

envuelto en el silencio que la familia había urdido.

 

La noche antes de mi boda 

mi padre confirmó los rumores 

que yo había oído desde niña,

te mató Pancho Villa, 

dejando a mi padre huérfano, 

a mi abuela viuda y sin patrimonio,

a mí sin saber cómo llamarte,

ni cómo me habrías llamado tú.

 

He pensado mucho en ti.

No volví a ver la foto, 

pero te recuerdo.

Te recuerdo como un abuelo chapado a la antigua.

Pienso que tenías bigote, como mi padre,

patillas, quizá una piocha, 

tal vez una barba bien cuidada, 

como las que tanto me gustan.

 

Usabas traje negro, chaleco, 

botines con hebillas 

¿o eran botones?

guantes de cabritilla, 

reloj de bolsillo, 

fistol con perla en la corbata,

o un corbatín de seda.

 

Te recuerdo como un caballero,

elegante, distinguido, 

distante, 

como son las personas mayores.

 

Ahora que soy abuela,

quiero conocer tu historia.

Viajo a tu pueblo Huejuquilla,

visito la Catedral del Santo Cristo de Burgos, 

donde encuentro tu fe de bautizo,

el registro civil, 

donde leo tu acta de nacimiento.

 

No encuentro tu acta de defunción.

Me quedo sin saber

el lugar ni el día de tu muerte, 

sólo que naciste el 4 de julio de 1892,

sólo que moriste en 1916,

cuando mi padre tenía menos de un año.

 

El día, la noche, que moriste

¿sabías que la abuela esperaba una niña 

que murió al nacer?

¿Sabes que vistió de negro toda su vida,

que fue buena abuela,

que murió de una embolia,

que su tumba está en México, 

muy lejos de la tuya?

 

Pero ¿tienes tumba, 

o son tus huesos insepultos

motivo del silencio que la familia urdió?

Family

© 2019 by Lilvia Soto